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Notas para el estudio del fútbol amateur

Notas para el Estudio del fútbol amateur

 

¿La pelota tiene historia?

Notas para el estudio del futbol amateur

 

Esteban Cisternas. Profesor de Historia y Ciencias Sociales.

Investigador CECA.

                                                       Rodrigo Muñoz. Licenciado en Educación.

 

Bravo, Isla, Medel, Jara, Bose, Díaz, Aranguiz, Vidal, Valdivia o Fernández, Sanchez y Vargas. Como mantra se repite el grupo de jugadores que nos hizo tocar la gloria continental después de 100 años de historias… y fracasos. Esa pelota que derrotó a Romero y Messi, estuvo gastada desde muchos antes, en potreros, campos, playas y cordilleras; siendo parte de la pichanga diaria que templó los nuestros, teniendo un sitial de honor  en el cotidiano de los sectores populares. Pero no siempre fue así, la historia del fútbol en Chile, es la historia de una recuperación rápida en cancha contraria que terminó con la pelota en nuestros pies, en nuestras calles con nuestro pueblo.

Los orígenes del fútbol en Latinoamérica están marcados por la influencia británica en la cultura de principios de siglo XX, son los miembros de la pequeña burguesía inglesa instalada en nuestras ciudades quienes copan casi la totalidad de los espacios futbolísticos en el cono sur (Briones, 2014). Sin embargo, los sectores populares se van apropiando paulatinamente de este deporte convirtiéndolo en el predilecto del bajo pueblo desde la década de 1930, cuando llegó el tiempo de la profesionalización y del espectáculo (Santa Cruz, 1991). La marca popular estaba ya en algunos de los miembros del PC chileno, en Arellano y Chamaco, pero más cotidianamente en los cientos de clubes sociales y deportivos de barrio que animaban cada fin de semana la vida recreativa popular.

Desde las ciencias sociales, y para el caso latinoamericano, existe un campo de estudio relacionado al deporte, y sobre todo al fútbol, que se perfila nítidamente desde la década de 1990 y que se preocupa de estudiar, entre otros temas, la relación que tiene con la identidad nacional, la violencia en las barras bravas y las construcciones de género. La mirada de sociólogos y antropólogos está puesta en los grandes colectivos, en los estadios y en los medios de comunicación, casi nunca en lo amateur, lo precario, lo popular. Pese a esto, están en un mejor pie investigativo que los historiadores, pues, desde nuestra disciplina existe una escasa preocupación por el tema, posiblemente, por considerarla una práctica que sirve como aparato de control del pueblo, llena de imposiciones verticales que, cuando es practicada por los pobres es inocua más allá de lo lúdico.

Esta deuda de la disciplina histórica, viene de la mano con el tardío tratamiento de los sectores populares como un sujeto/objeto histórico, puesto que hasta la década del 60 en Europa, y en los años 80 en América Latina el conocimiento de la disciplina se reduce a la dualidad antagónica entre positivismo historicista y estructuralismo (Garces Et.al, 1996). Quien viene a quebrar el cascaron, es la historia marxista inglesa que con los trabajos de E. P. Thompson proporciona la categoría de “experiencia” histórica de los sectores populares, la que contribuye en poner la vista en elementos culturales relevantes de la vida cotidiana de los pobres para explicar relaciones y comportamientos sociales más generales. De manera posterior, estos aportes son tensionados por la corriente de los estudios subalternos indios, los que inspirados en las clasificaciones de Gramsci de hegemonía y subalternidad, proponen el estudio de los sectores populares a contra pelo, entendiendo que la historia escrita por el Estado y por historiadores comprometidos con el poder invisibiliza o deforma aspectos importantes de la misma, en este sentido, proponen historiar objetos que no son interesantes para las vertientes políticas o económicas pero que sí lo son para los sujetos populares. Entendiendo que la historia de los sujetos populares contiene en sí misma variados elementos de la realidad que la atraviesan de manera transversal como la relación con el Estado, la salud, la educación o la economía (Illanes, 1993), el fútbol amateur es una práctica social que puede servir como entrada para el análisis de estos elementos, pues, por su condición de práctica social significativa se constituye como un elemento importante de lo que Thompson denominó dimensión cultural de la experiencia histórica.

Ahora bien, ¿cómo historiar el fútbol amateur? En primer lugar, no renunciamos a responder “las grandes preguntas de la historia” como podrían señalar historiadores económicos o políticos. A la vez, comprendemos la fuerte significación local y comunitaria de esta práctica, por lo que proponemos que el estudio del deporte rey debe estudiar lo local relacionándolo siempre con lo global, es decir, la reconstrucción histórica local –utilizando metodologías como la observación participante, la recopilación de testimonios orales y fotografías– debe ir de la mano con un análisis estructural, de las relaciones de poder y hegemonía que permean estos espacios locales. En este punto, vale reconocer que adherimos a Ginzburg cuando señala que el camino para interrogar a los problemas globales desde lo particular no es un atajo, pues, “no se trata de extirpar fragmentos de archivos para ponerlos, crudos y sangrantes, bajo la nariz del lector. La reconstrucción del contexto, la elaboración de preguntas sobre una base comparativa, implican un trabajo lento y fatigoso” (Ginzburg, 2014).

De esta forma, además, proponemos ciertos ingresos teóricos bajo los cuales el fútbol amateur puede ser interrogado para conocer la historia de los sectores populares. La primera categoría es la identidad comunitaria, una forma de relacionarse entre los individuos, el territorio y la otredad. A la hora de adentrarnos en estudios identitarios, es recurrente caer en la ingenuidad de que la identidad de los sectores populares debe resguardarse de cualquier pincelada de modernidad (Dube, 2001), lo que de manera inconsciente hace reforzar una visión romántica en la que la cultura puede enclaustrarse en una burbuja en el tiempo, lo  cual se transforma en una ingenuidad teórica, ya que la naturaleza humana es un devenir incesante de cambios y reapropiaciones. Otra forma es la sociabilidad popular, teniendo como centro a las sedes de los clubes deportivos, pues comprendiendo el rol que tiene el balón pie dentro de la articulación local podemos llegar a percibir cómo se ve afectada una comunidad cuando estas redes desaparecen o cambian de manera drástica.

No pretendemos de ninguna forma encausar los estudios sociales sobre el fútbol amateur hacia estas dos visiones, más bien son propuestas de “entrada a la cancha” que hemos utilizado para estudiar dos espacios locales con características sociales diferentes: el fútbol amateur de barrio en la Pintana, y por otro lado el desarrollo de un club deportivo del pequeño poblado de pescadores de  Loncura, una localidad de la comuna de Quintero.

 

Bibliografía.

Briones, Daniel (2014) Fútbol en Valparaíso a inicios del 1900. En Ovalle, Alex., Vidal, Jorge. PELOTA DE TRAPO: FÚTBOL Y DEPORTE EN LA HISTORIA POPULAR. Santiago: Quimantú.

Dube, Saurabh. (2001). Sujetos Subalterno.  México D.F: El Colegio de México

Garcés, Mario., Urrutia, Miguel., Fuentes, Angélica., Sepúlveda, Leandro.(2012) EN LA HUELLA DE LOS SABERES LOCALES: HISTORIA TRADICIONAL Y NUEVA HISTORIA. En Garcés, Mario., Villela, Hugo. La Persistencia de la Memoria Popular Historias Locales, Historias De Vida. Santiago: Lom

Ginzburg, Carlo. (2014). Tentativas. El queso y los gusanos: un modelo de historia crític para el análisis de las culturas subalternas. Bógota: Desde abajo.

Illanes, María. (1993) LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD Y LA HISTORIOGRAFÍA SOCIAL POPULAR. En Historias Locales y Democratización Local ECO. Santiago: Ponencias, debate y sistematización del Seminario sobre Historias Locales.

Santa Cruz, Eduardo (1991) CRÓNICA DE UN ENCUENTRO FÚTBOL Y CULTURA POPULAR. Santiago: Ediciones del instituto profesional Arcos.