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Visita del Papa Francisco: luces y sombras ¿queda esperanza de ser católico hoy en Chile?

     Visita del Papa Francisco: luces y sombras ¿queda esperanza de ser católico hoy en Chile?

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     Entre el 15 al 18 de enero de 2018 El Papa Francisco visitó Chile, el cual evidenció transformaciones respecto del que visitó Juan Pablo II en 1987. Desde meses antes del arribo a nuestras tierras, la presencia del máximo representante de la Iglesia Católica despertó en vastos sectores sociales legítimas, fuertes y persistentes resistencias a su visita, tanto por los temas de los costos –un tanto mal calculados por los organizadores, que sobreestimaron la asistencia a eventos masivos- como por los feriados por ciudad, o sobre el recibimiento por parte del Estado al Papa. Dichas críticas, reflejaron el ambiente diverso que recibió al Papa argentino respecto de su par polaco, lo cual fue altamente registrado con sorpresa por la prensa internacional.

     En sus tres días de presencia en Chile, Francisco tuvo tanto luces como sombras. Entre las primeras, destacamos el encuentro en la cárcel femenina, donde dijo que “las personas están privadas de libertad, pero no de dignidad”[1], registrándose en sus rostros una tremenda alegría y felicidad entre quienes fueron visitadas. Podemos mencionar el acto con la juventud, donde en un lenguaje cercano, planteó la frase de Alberto Hurtado “Qué haría Jesús en mi lugar”, invitando a los y las jóvenes presentes a conectarse cotidianamente con Cristo. Junto a lo anterior, nos parece importante referenciar la belleza de la misa en playa Lobito en Iquique, en la cual se registró el valor y la riqueza de la religiosidad y piedad popular de la población del Norte de Chile. Finalmente el discurso del Papa en Temuco, donde reconoció las violaciones de los DDHH en la Araucanía, validando las palabras de Violeta Parra que “Arauco tiene una pena”, una tristeza profunda que en todo caso no justifica la violencia.

     Dicho esto, no se puede olvidar las sombras que claramente dejó la visita de Francisco. Ellas se centraron de forma clara, en su reacción respecto al tema de los abusos sexuales a menores -no se refirió nunca a los abusos no solo sexuales y psicológicos a mayores de edad, que también son condenables. Primero un perdón -sin ahondar en los múltiples casos de Chile- con “dolor y vergüenza”, palabras que salieron en todos los medios internacionales, para luego -casi como un giro en 180 grados- sus constantes apoyos y abrazos a los Obispos Barros, Koljatic y Valenzuela, quienes han sido acusados por las valientes víctimas públicas de Karadima como encubridores de los abusos cometidos por su mentor[2]. Contradicción  agudizada en sus palabras finales “tráiganme una prueba (…) sino son solo calumnias”. Cómo puede ser calumnias, si dichos testimonios fueron la base sobre la cual la justicia eclesiástica en tiempo de Benedicto XVI condenó a Karadima -ya que la civil documentó los abusos, pero no sancionó por prescripción- y ahora dichos registros son “solo calumnias”.  Resulta triste e inexplicable, más allá del cambio de la palabra prueba –que hubiera causado más dolor- por evidencia, ya que en su avión de retorno a  Roma, mantuvo que dichos testimonios son calumniosos, lo cual es completamente falso[3].

     Esta contradicción -que ha acusado mucha incomprensión en los y las católicas, con clara y comprensible molestia en quienes no lo son- nos plantea una interrogante ¿Queda esperanza de ser católico en este Chile? Ello nos permite decir desde nuestra experiencia, que la Iglesia -con una historia marcada luces y sombras- no es solo las acciones terribles y condenables que han realizado un número no menor de clérigos, tanto en abusos como en encubrimiento, como tampoco es solo el trabajo cotidiano de muchas curas, monjas y religiosos que hacen múltiples acciones muy positivas y reconocidas por la sociedad. La Iglesia es todo un pueblo, compuesto por laicos, matrimonios, parejas, jóvenes, niños y niñas –como por ejemplo viven los bailes religiosos en diversas parte de Chile- que han sido bautizados, quienes se reconocen parte de esta realidad sociológicamente identificable que es la Iglesia, y no solo la jerarquía eclesiástica, muchas veces muy incompresible para sus fieles.

     En este sentido el cristianismo que nace de esta Iglesia, con heridas como dijo el mismo Francisco, se basa en la relación cotidiana, milagrosa, permanente y comunitaria de cada fiel con Cristo. La aventura o el desafío es saber si hoy -en medio de redes sociales, cambios tecnológicos y la crisis de la mayoría de las instituciones- es posible una relación cierta, segura y confiable con ese Hombre que caminó en Galilea y prometió “el 100 por uno ahora y la vida eterna”. Esto es si se puede vivir la misma experiencia hoy, como la vivieron hombres y mujeres carnales y bestiales, llenos de contradicciones, como los apóstoles, Zaqueó, María Magdalena, publicanos etc. Para quién escribe, ese encuentro de hace 2000 años es posible, es experimentable hoy, de forma sorprendente y milagrosa, como contagió y encaminó a los protagonistas de los Evangelios y Hechos de los Apóstoles.

     Ese encuentro, esa amistad con Cristo, no elimina la molestia por el tema de los reiterados abusos y encubrimiento sobre menores y mayores, incluso es más exalta la exigencia de justicia y legítima indignación frente a dichos hechos. Pero, admitiendo dicha condena, ese encuentro nos permite ver a Cristo actuando hoy en la historia de los hombres. Es la relación cotidiana con ese Hombre la cual -con humildad y algo de vergüenza por nuestros límites- nos permite seguir planteando que es posible esa esperanza de paz, plenitud y felicidad que Cristo trae a cada hombre y mujer que vive en amistad con Él.

Benjamín Silva Torrealba

Coordinador

Centro de Educación y Cultura Americana

CECA

www.cecamericana.cl

benjamin@cecamericana.cl

[1] Todas las citas de los discursos se pueden cotejar en http://www.humanitas.cl/el-papa-francisco-en-chile/visita-apostolica-del-papa-francisco-a-chile

[2] http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/01/18/victimas-de-karadima-confrontan-al-papa-con-pruebas-que-involucran-al-obispo-barros/

[3] Posteriormente el Vaticano decidió mandar a Cardenal Charles Scicluna  Arzobispo de Malta, líder nuevo equipo doctrinal que se encarga de las solicitudes presentadas por eclesiásticos acusados de abuso dentro de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Este sacerdote debería venir a escuchar a las víctimas que acusan a Juan Barros de encubrimiento de los abusos de Karadima. Fuentes: Emol.com – http://www.emol.com/noticias/Internacional/2018/01/30/893233/Quien-es-Charles-J-Scicluna-el-arzobispo-que-Francisco-envio-a-Chile-para-reunirse-con-victimas-de-Karadima.html

http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino/pubblico/2018/01/30/0090/00169.html

Interesante reacción de víctimas de Karadima, en particular de Juan Carlos Cruz, quien ha manifestado su deseo de dar testimonio frente al Cardenal Scicluna. Realza esta actitud pese a haber enviado información el año 2015, ya que consta que arribó una carta testimonio a manos de Francisco el 2015, donde con gran claridad y valentía denunció la actitud de encubrimiento de los Obispos Barros, Valenzuela y Kojliatic respecto de los abusos psicológicos y sexuales perpetuados por Karadima. Fuentes http://www.cooperativa.cl/noticias/pais/iglesia-catolica/victimas-de-karadima-testificaran-frente-a-scicluna-a-fines-de-febrero/2018-02-05/113144.html  http://www.t13.cl/radio/nacional/mesa-central/noticia/juan-carlos-cruz-papa-sabe-perfectamente-esta-pasando-y-ha-sabido-siempre